Di
Alexis Rojas Aguilera - Traduzione di
Stefano Guastella
La nuova leggenda di Gibara
Durante le ore del passaggio da un giorno al seguente, la forza degli elementi, composta da raffiche di vento con una intensità fuori dal comune, da una pioggia frenetica, da un mare burrascoso, si abbatté senza pietà su questa piccola località, che è un opera d’arte dalle sue fondamenta fino alla sensibilità dei suoi abitanti.
Quel mare che la culla da una vita, che offre sostento per la vita quotidiana e che da bellezza in abbondanza a Gibara, si trasformò quella notte in un essere mostruoso che iniziò a colpire i margini della città, senza portare rispetto a niente, mentre si avanzava con la sua forza nell’entroterra.
La furia scatenata, penetrava nel cuore della trinità del nord cubano, attraverso le ferite aperte all’interno della sua difesa più sicura contro le onde, il Malecon della avenida Rabí, oggi ormai quasi completamente ricostruito.
Arrivarono quindi gli istanti, i minuti, le ore di maggior angustia per i suoi abitanti, fino a che arrivò la mattina, accompagnata da un timido sole, che permise di vedere il volto del dolore in tutta la sua grandezza e far mandare giù un amaro boccone a tutti i "gibareños", di fronte la colossale sfida che gli si presentava all’orizzonte.
Improvvisamente qualcuno si rese conto di un incredibile fatto, non credendo ai suoi stessi occhi, e la voce cominciò a spargersi come la polvere, da un angolo all’altro della città, arrivando alla cima de El Cuartelón, scendendo fino al distrutto quartiere del Güirito, svolazzando come una farfalla di speranza, meravigliando tutti.
In quel punto, dove il colpo iracondo di Poseidone, fuoriuscito violentemente dal suo letto a causa di Eolo, fu più violento, solamente un’opera umana era rimasta in piedi, serena.
Con il suo sguardo rivolto alle alture della vicina Sierra de Gibara, con il suo vestito da guerrigliero, era ben fermo e saldo sul suo piedistallo Camilo Cienfuegos. Il Comandante, indicava la direzione e infondeva speranza al suo popolo.
Il messaggio arrivò profondamente in tutti i cuori. Se Camilo aveva resistito all’attacco, Gibara sarebbe riuscita a guarire le sue ferite, con l’aiuto e lo sforzo di tutti i suoi abitanti. E così fu, nessuno si sedette ad aspettare.
Ed oggi, la risposta creativa del popolo della “Villa Blanca de los Cangrejos”, rende omaggio all’Eroe di Yaguajay, con la produzione locale di materiali costruttivi, la nascita di nuovi e luccicanti quartieri, la riparazione della maggioranza delle abitazioni danneggiate, con il suo ospedale, completamente recuperato, con le scuole e i preziosi asili, tutte opere uscite dalle mani locali.
Gibara è rinata e ricorda oggi la nascita di una nuova leggenda...
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La nueva leyenda de Gibara
Por
Alexis Rojas Aguilera - Gibara (Holguín) - 14 de enero de 2011 - Gibara es tierra de leyendas, desde la del árbol del Jibá que le da nombre a la Copa del Amor. Hermosas unas, tristes otras, pero todas sustantivas para la vida de esa ciudad marítima recostada al Atlántico, a la cual el huracán Ike, hace mas de dos años dejó una nueva.
La noche del siete al ocho de septiembre de 2008 es imborrable en la memoria de los hijos de la también llamada Villa Blanca de los Cangrejos, la soberana de los ensueños, como asegura el himno local.
En las horas del tránsito de un día hacia el siguiente, la fuerza de los elementos, el viento descomunal, la lluvia frenética, el mar encabritado, cayó inclemente sobre esta pequeña urbe que es arte desde los cimientos de añejas construcciones hasta la sensibilidad de sus pobladores.
El mar que la acuna desde siempre, brinda sustento y belleza a raudales a Gibara, se transformó en un ser monstruoso que comenzó a golpear los cantos de la ciudad y parecía nada respetar mientras avanzaba tierra adentro.
La furia desatada penetraba en el corazón de la Trinidad del norte oriental cubano por las heridas labradas en su defensa más segura contra las olas, el Malecón de la avenida Rabí, hoy ya casi recuperado.
Sobrevinieron entonces los instantes, minutos, horas de mayor angustia para sus habitantes, hasta que llegó la mañana acompañada de un temeroso sol, el cual permitió ver el rostro del dolor en toda su magnitud y hacer tragar en seco a los gibareños ante los colosales desafíos abiertos en el horizonte.
De pronto alguien se percató y no daba crédito a los ojos, y la voz admirada corrió como pólvora de un lado a otro, subió la loma de El Cuartelón, bajó al destruido barrio del Güirito, revoloteó como mariposa de esperanzas y a todos asombró.
En el punto donde el golpe iracundo de Poseidón sacado abruptamente del lecho por Eolo fue más violento, solamente una obra humana quedó en pie, serena.
Mirando hacia las alturas de la cercana Sierrita de Gibara, vestido de guerrillero, estaba en su pedestal Camilo Cienfuegos, marcando rumbo, infundiendo aliento el Comandante del pueblo.
El mensaje caló profundo en los corazones. Si Camilo resistió la embestida, Gibara restañaría sus heridas a partir del esfuerzo de sus pobladores. Así fue. Nadie se sentó a esperar.
Y hoy la respuesta creativa del pueblo de la Villa Blanca de los Cangrejos, rinde tributo al Héroe de Yaguajay con la producción local de materiales constructivos, el nacimiento de nuevos y lustrosos barrios, la reparación de la mayoría de las viviendas dañadas, con el hospital completamente recuperado, escuelas y círculos infantiles preciosos, obras salidas de sus manos.
Gibara renació y recuerda el surgimiento de la nueva leyenda…





